Mitos

Existen  creencias muy populares, originadas muchas de ellas en el siglo XIX, que se  propagan de boca en boca y, sin embargo, no tienen fundamento científico. Es  decir, la realidad muestra que son creencias falsas. 

Sin embargo, su  pervivencia es muy perjudicial a la hora de manejar estos problemas. Les  llamamos mitos que, en determinada circunstancia pueden tener algo de verdad,  pero como generalización son falsos y muy perjudiciales. Vamos a comentar  algunos de ellos:

Mito 1

En  este primar apartado vamos a reunir varias creencias muy habituales sobre el  origen del dolor de espalda para comentarlas juntas, a saber:

1a.- Las  personas delgadas no sufren de dolor de espalda.

1b.- Los  ejercicios o esfuerzos son malos para el dolor de espalda.

1c.- Transportar  pesos es perjudicial.

1d.- La  espalda recta al sentarse previene el dolor de espalda.

1e.- Un  colchón rígido previene el dolor de espalda .

1f.- La  mayoría de los dolores de espalda son consecuencia de traumatismos o esfuerzos.

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Los dolores  de espalda pueden ser consecuencia de multitud de procesos. Algunos de ellos  graves (tumores, infecciones), pero afortunadamente es lo menos frecuente. Lo  habitual es que el dolor de espalda sea un proceso benigno y limitado en el  tiempo en la vida de una persona.

La columna  vertebral es como una antena alta: aunque sea tan fuerte como el hierro,  precisa de cables que la sostengan alrededor. de lo contrario no durará mucho  erguida. Del mismo modo, la columna vertebral precisa de la musculatura, tanto  de la espalda como la abdominal.  Sin un  buen equilibrio y tono entre estos dos grandes grupos musculares, la propia columna  sufre en exceso; los músculos implicados en alguno de sus movimientos pueden recibir  una excesiva tensión; los discos intervertebrales y las pequeñas articulaciones  vertebrales reciben sobrecarga y se acelera su envejecimiento: Todo esto puede  terminar provocando dolor y no necesariamente tras un esfuerzo importante. Con  más frecuencia el dolor se inicia al irse a levantar de la cama o de una silla.

De todo esto  es fácil deducir que la mejor prevención del dolor de espalda es mantener un  buen tono muscular, así como conservar el equilibrio entre los diferentes  sistemas musculares. Esto solo se logra realizando los ejercicios apropiados de  forma habitual, en especial si la persona es propensa al dolor de espalda.

Es cierto  que una persona obesa sobrecarga más que una delgada su sistema  vertebro-muscular y a la larga puede tener más problemas. Pero la persona delgada  que tiene debilidad muscular puede padecer más dolores de espalda que una obesa  que cuida su musculatura.

Un obrero  que levanta pesos de forma repetitiva, no deberá de tener problemas de dolor de  espalda si mantiene su aparato vertebro- muscular equilibrado y preparado para  esos esfuerzos.

La forma de  levantar los pesos también es importante, ya que cogiendo el peso con ambas  manos, manteniéndolo lo más próximo posible al tronco y flexionando las piernas  en vez de la columna, se evita o disminuyen tensiones innecesarias sobre la  columna vertebral.

Una persona  con musculatura en buen estado, no tendrá problemas para mantenerse sentada  durante largo tiempo, ya que conservará con normalidad las curvaturas  fisiológicas de su columna vertebral. Sin embargo si se empeña en mantener su  espalda recta como un palo durante mucho tiempo, esa tensión forzada y  localizada sobre determinados músculos le terminará pasando factura.

Se ha  demostrado que un colchón con una dureza intermedia es más beneficioso que uno  duro para los pacientes con dolor lumbar crónico benigno, rompiendo así uno de  los mitos más extendidos.  En general el  colchón debe de ayudar a sostener y mantener las curvaturas fisiológicas de la  columna vertebral evitando las tensiones musculares anormales. Conviene hacer  cambios periódicos de lado del colchón y no mantenerlo en uso más allá de 10 años. Las  almohadas deben de cambiarse cada 3 años y adaptarlas al tamaño corporal de  cada persona de forma individualizada, para que la posición del cuello quede en armonía con el resto de la columna vertebral.

La postura  que adopta el paciente en la cama puede variar según la patología que le está  provocando el dolor. El mismo suele encontrar la postura que le es  más beneficiosa.

Mito 2

Se  debe de mantener reposo hasta que el dolor desaparezca.

Es falso. Se  ha comprobado que se recuperan antes los que hacen reposo solo durante los dos  primeros días, que los que permanecen en cama durante una semana y lo hacen  antes aún los que no realizan ningún reposo.

Es lógico  que si el dolor es muy intenso, obligue a permanecer en cama  dos o tres días hasta que su tratamiento lo  aminore. Después es conveniente incorporar actividad física cuanto antes y en  la medida en que sea posible.

Mito 3

Toda hernia de disco precisa de cirugía.

Falso. La  mayoría de las hernias simples que causan cérvico-braquialgia o lumbociática  sin otra complicación, no precisan de tratamiento quirúrgico. Lo indicado es  empezar primero un tratamiento con medicinas y fisioterápico. Si a las 4-6  semanas no ha empezado a mejorar claramente el cuadro doloroso, es cuando es  razonable pensar en la cirugía.

Mito 4

Las radiografías de la columna, el escáner o  la Resonancia Magnética siempre son necesarias.

Lo que  realmente es necesario es la confección de una buena historia clínica. Una cervico-braquialgia  o una lumbociática no complicada no precisa de pruebas complementarias. Por un  lado ya hemos dicho que la mayoría de estos cuadros son de curso benigno y  responden bien al tratamiento conservador. Basta hacer un seguimiento hasta  comprobar que esto es así. Una buena historia clínica debería ser suficiente  para detectar aquellos pacientes del grupo de “bandera roja” de los que hablábamos  en el apartado anterior y en los que si estaría indicada la práctica de pruebas  complementarias desde el inicio del cuadro clínico.

Por otro  lado, se ha comprobado que en la población general existen muchas anomalías de  envejecimiento en la columna vertebral que no causan molestias clínicas y, por  lo tanto, no son subsidiarias de tratamiento médico y mucho menos quirúrgico. Estas  anomalías aumentan por encima de los 60 años. Sin embargo el radiólogo las  tiene que informar causando la consiguiente alarma del paciente. Estas  anomalías radiológicas hay que valorarlas teniendo en cuenta el cuadro clínico  que presenta el enfermo ya que solo la alteración responsable del dolor es la  que hay que operar. Por consiguiente, solo cuando el paciente no mejora con el  tratamiento y se piensa en una solución quirúrgica, es cuando son realmente  útiles estas pruebas complementarias.