Neurohipófisis

La neurohipófisis no fabrica ninguna hormona, sino que lo  que hace es almacenar dos hormonas producidas en el Hipotálamo y transportadas  hasta ella a través de los axones del tallo de la hipófisis. Una vez en la  neurohipófisis, son descargadas hacia el torrente circulatorio (sangre) cada  vez que nuestro cuerpo las necesita.

Las hormonas de la neurohipófisis son dos: La Oxitocina y la  Vasopresina.

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Oxitocina

Es una hormona que entra en acción en el momento del parto,  estimulando las contracciones del útero . Después, durante el periodo en la que  la madre le da el pecho a su hijo, provoca la expulsión de la leche hacia el  pezón cuando el niño está mamando.

Es una hormona que, por sus peculiaridades funcionales, no  evaluamos cuando tratamos de valorar las funciones hipofisarias de un paciente  afecto de un tumor en esta área.

Vasopresina o Hormona antidiurética o ADH.

El 60% aproximadamente de nuestro peso corresponde al agua.  Sin ella no podríamos funcionar. En realidad nuestro cuerpo, en su interior, se  encuentra sumergido en agua. Un agua que está dentro y fuera de las células, en  los espacios que quedan entre ellas y dentro de todos los vasos de nuestro  organismo. Podemos dividir nuestro cuerpo, desde el punto de vista de la  distribución del agua que contiene, en tres grandes compartimentos:

El compartimento intracelular , es decir, el que  hipotéticamente resultaría de reunir el interior de todas las células. Este  compartimento estaría separado del resto del organismo por la membrana celular,  que es la pared de la célula. El agua que contiene es el agua intracelular  (intra=Dentro).

El compartimento extracelular , es decir, el que  resultaría de reunir todo el espacio de nuestro organismo que está situado  fuera de las células. Este compartimento a su vez podríamos dividirlo en dos:


a.- El compartimento intersticial (inter= Entre dos cosas),  que agrupa todos los espacios que están fuera de la célula, entre los tejidos,  fuera de los vasos sanguíneos. Está separado del intracelular por la membrana  celular, como he dicho antes, y del interior de los vasos por la pared de estos  (membrana capilar). Contiene el agua que baña a las células.

b.- El compartimento intravascular , que agrupa a todo el  agua que se encuentra dentro de los vasos sanguíneos, es decir, de la sangre.
A través de la sangre le llegan a las células los alimentos  que necesitan para su trabajo como son, entre otros, el oxígeno o el azúcar, y  lo hacen a través del líquido intersticial que baña a las células. Los  productos de desecho resultante del trabajo de las células se vierten, a través  de la membrana celular, de nuevo en el líquido intersticial, desde donde son  recogidos por la sangre para llevarlos hasta los órganos que los eliminan hacia  el exterior, como son los pulmones o los riñones.

Como se puede ver, el intercambio de sustancias entre los  diferentes compartimentos es fundamental para que las células de nuestro  organismo funcionen con normalidad.

El agua que contienen los diferentes compartimentos no es un  agua estancada ni muerta. El agua se puede desplazar de un compartimento a otro  a través de los pequeños agujeros, por decirlo de una manera gráfica, que  tienen las paredes de las células y de los vasos sanguíneos mas pequeños. Pero  si el agua saliera de las células o entrara en ellas masivamente, morirían con  rapidez. Es necesario, pues, un equilibrio, un control. La dificultad está en  que el agua se escapa entre los dedos, para poner una metáfora sobre lo difícil  que es retenerla. Nuestro organismo se vale del control que si puede tener  sobre procesos químicos para, indirectamente, controlar al agua. Utiliza  determinadas sustancias cuya característica esencial es que son capaces de  retener el agua que las rodea, impidiendo que esta se escape de los  compartimentos correspondientes. Regulando estas sustancias y restringiendo su  ubicación a cada uno de los compartimentos, controla indirectamente los  desplazamientos del agua.

Estas sustancias son las sales de potasio para el  compartimento intracelular, las sales de sodio (la sal que utilizamos para la  comidas) para el extracelular y las proteínas de la sangre para el  compartimento intravascular. ¿Qué como lo hacen?… Pues merced a su  concentración en el agua. Si existe poca sal en un litro de agua, habrá mucha  agua libre para irse a otro compartimento. Se dice que ese litro de agua tiene  una » osmolaridad » baja. Si, por el contrario, hay mucha sal en un  litro de agua, toda el agua está retenida por las moléculas de sal y no quedará  agua libre para desplazarse a otro compartimento. Se dice entonces que ese  compartimento tiene una «osmolaridad » alta.

Como los compartimentos intracelular, intersticial e  intravascular están uno junto al otro, si alguno de ellos aumenta su  osmolaridad por cualquier causa, atrae hacia él la suficiente cantidad de agua  desde los otros compartimentos vecinos como para que la osmolaridad de todos  ellos vuelva a ser similar y se alcance de nuevo un equilibrio. Si después de  alcanzado el equilibrio entre la osmolaridad de los distintos compartimentos el  cuerpo detecta que esa osmolaridad se sale de los límites de seguridad que  tiene establecidos, entonces pone en marcha una serie de mecanismos para ganar  o expulsar de nuestro cuerpo el agua que le falta o le sobra respectivamente.  Así pues, nuestro organismo tiene el control de los movimientos del agua a través  del control que establece sobre la osmolaridad de los líquidos de sus  compartimentos.

¿Y que tiene que ver la hormona antidiurética de la  hipófisis o ADH en todo este sistema acuoso de nuestro organismo?. Pues la ADH  es uno de los mecanismos principales para el control de la osmolaridad  extracelular y para el mantenimiento del volumen sanguíneo.

En el cerebro, concretamente en el Hipotálamo , existen unas  células ( Osmoreceptores ) que para decirlo de manera gráfica, están midiendo  continuamente la osmolaridad de la sangre. En cuanto detectan que esta aumenta  por encima de un determinado nivel que dejan de tolerancia, dan una orden que  viaja a través de los axones del tallo hipofisario hasta la neurohipófisis,  obligándola a descargar hacia la sangre la hormona antidiurética o ADH. A  través de la sangre, la hormona antidiurética llega a los riñones, abriendo las  compuertas para que el agua destinada a perderse con la orina vuelva al  torrente circulatorio, es decir a la sangre, excretándose una orina consiguientemente  mas concentrada, en menos cantidad y con una osmolaridad más alta. Al mismo  tiempo, los osmoreceptores provocan que la persona en cuestión sienta sed y  beba agua. Este volumen adicional de agua que entra hacia el compartimento  extracelular, disminuye la osmolaridad hasta el nivel correcto para alcanzar de  nuevo el equilibrio que se necesita y la neurohipófisis deja de descargar ADH  hacia la sangre. Los osmoreceptores hipotalámicos son muy sensibles y responden  a cambios de la osmolaridad del plasma sanguíneo de menos del 1% .

También se descarga ADH cuando existe una disminución del  volumen de la sangre circulante por debajo de cierto nivel. Pérdidas del  volumen sanguíneo de mas del 7% disparan la hormona antidiurética aunque exista  una osmolaridad disminuida en la sangre. El caso es mantener la irrigación de  nuestros órganos vitales para que no fracasen en sus funciones, por encima de  cualquier otra consideración.

Las náuseas y los vómitos son otros potentes estímulos de la ADH.

Factores fisiológicos como el dolor y el estrés también  disparan la ADH (y una operación quirúrgica lo provoca) así como diferentes drogas como la nicotina, morfina y los barbitúricos. Otras como el alcohol la  inhiben (una de las razones por la que se orina mucho después de estar  «cargado»).

Tanto el exceso en la secreción de ADH como su defecto,  provocan unos cuadros clínicos característicos:

Cuando pese a una osmolaridad baja en la sangre se mantiene  la secreción de ADH, se provoca un cuadro llamado síndrome de » Secreción  inapropiada de ADH» o «SIADH «:

Expansión del agua de la sangre con osmolaridad en esta baja  y osmolaridad en orina alta. El agua libre penetra en las células  (compartimento intracelular que conserva una osmolaridad mas alta). En los  casos más graves se produce una intoxicación hídrica celular y los pacientes  empiezan a resentirse manifestando debilidad, confusión mental y letargia . Por  debajo de un determinado nivel de osmolaridad sanguínea, pueden ya ocurrir convulsiones y coma y muerte .

Las causas de este síndrome pueden ser variadas:

Al igual que vimos que sucedía con la ACTH, la ADH puede  estarse produciendo de manera anormal en enfermedades de otros órganos , como  los pulmones. También puede deberse a la ingestión de determinados medicamentos que estimulan su producción y descarga por la neurohipófisis. Y, por supuesto, lesiones del cerebro como los traumatismos de cráneo, hemorragias  intracraneales o meningitis, pueden producir el síndrome, así como la cirugía  de la hipófisis o en la Apoplegía hipofisaria (infartos o falta de riego  sanguíneo y hemorragias que a veces afectan a los adenomas -tumores benignos-  de la hipófisis).

Por el contrario, el déficit en la producción y descarga de  ADH provoca un síndrome clínico llamado » Diabetes Insípida «,  caracterizada por:

El enfermo orina grandes cantidades de agua ( Poliuria ) poco  concentrada o con osmolaridad baja (mucha agua libre). El volumen de agua de la  sangre tiende a bajar, pero el enfermo lo compensa porque la sed que esto le  provoca hace que beba también mucha agua, tanto como la que pierde. Pero si el  acceso al agua está limitado como cuando un paciente está en coma o  anestesiado, la osmolaridad en sangre aumenta rápidamente y el agua  intracelular (que se queda con una osmolaridad relativa mas baja) sale hacia el  compartimento extracelular con lo que las células se deshidratan . El volumen de  la sangre circulante baja, sobreviniendo signos de deshidratación del cuerpo,  alteraciones mentales, fiebre, caída de la tensión arterial y muerte .

El defecto en la producción de ADH puede deberse a un  problema familiar heredado, a enfermedades del cerebro, (entre ellas  determinados tumores del hipotálamo o del tallo hipofisario o más raramente de  la misma hipófisis), a traumatismos de la cabeza o a la cirugía de la  hipófisis.